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El e-mail en el Trabajo
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Nuestra sensibilidad frente a las palabras escritas

Desde la posición de destinatarios, podemos contribuir significativamente a reducir el volumen de mensajes corporativos innecesarios o inapropiados que circulan en la red. De esa manera estaríamos haciendo también un gran aporte al mejoramiento de los hábitos de comunicación escrita dentro de las empresas.

Uno de los retos más importantes que tenemos es dejar de reaccionar impulsivamente frente a correos electrónicos que nos hacen sentir tratados de manera inapropiada o irrespetados. Para esto es necesario estar conscientes de cómo funciona nuestros sistema perceptivo cuando estamos leyendo.

Somos muy sensibles a las emociones escritas, porque no contamos con parámetros claros que nos ayuden a comprender la magnitud de las expresiones que leemos. A menos que el remitente tenga amplias habilidades para la comunicación escrita, las emociones en los e-mails, en la mayoría de los casos, son difíciles de interpretar correctamente de acuerdo con la intención del remitente.

Parte de este tema lo abordé antes, cuando me referí a nuestra capacidad de comunicarnos por escrito y a la ambigüedad de los mensajes textuales. Pero es muy importante recordar en todo momento que:

Siempre necesitamos referencias emocionales que nos permitan contextualizar los significados de los correos electrónicos que leemos.

Si las emociones no son claras en el mensaje escrito, entonces nosotros las agregamos y las interpretamos en forma "arbitraria" (instintiva).

Además, en la interpretación de los mensajes escritos siempre sumamos nuestro estado de ánimo del momento y nuestros propios prejuicios.

Por estas razones es frecuente encontrar a compañeros de trabajo que de manera inconsciente gesticulan expresiones cuando están leyendo un correo electrónico, actuando lo que suponen que es "el tono" de ese mensaje.

Muchas veces uno comenta en relación a un e-mail: "Pero, por qué esta persona me está gritando", cuando en realidad no hay ningún indicio explícito de ello en el mensaje (por ejemplo, signos de admiración). Sólo se trata de un juicio especulativo de nuestra parte, que hacemos por lo que sentimos al leer el e-mail, o por los prejuicios que tenemos del remitente.


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El libro El e-mail en el trabajo es una publicación de Cograf Comunicaciones. ISBN 978-980-12-3071-7.
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